Personajes de Cartagena de Indias


Esquina de las calles de Las Carretas y Portocarrero. Al fondo el Portal de los Dulces.


Por: Carlos Crismatt Mouthon



ALFONSO BONILLA NAAR

El médico Alfonso Bonilla Naar fue un reconocido cirujano a nivel nacional e internacional, nacido en Cartagena el 29 de octubre de 1916. Inició sus estudios profesionales en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, y luego se traslado a la Universidad Nacional de Colombia, en donde se graduó en 1941. Comenzó su carrera quirúrgica en 1942 como interno en el Hospital San Juan de Dios, y en 1964 recibió el título de Profesor Honorario de la Universidad de Cartagena.

Pero fue en la cancerología y en la gastroenterología en donde obtuvo los mayores reconocimientos de su carrera. Y es en esta última disciplina en donde se cuenta que tuvo uno de sus grandes aportes para evitar las infecciones posoperatorias en los pacientes con perforaciones intestinales. El asunto fue fruto de la casualidad y de su poder de observación y análisis, en momentos en que de viaje en su carro particular tuvo que acercarse a una llantería para resolver el problema de un pinchazo en una de las ruedas.

Eran los tiempos de las llantas con neumáticos -ahora son populares las sellomáticas o "tubeless"-, y para su arreglo se utilizaba el parche vulcanizado con una plancha caliente. Luego de reparado el neumático se pasaba a la prueba de inflarlo y verificar si quedaba sin fugas de aire por medio de su introducción en una pileta de agua -que a veces era un tanque metálico de 55 galones cortado a la mitad- y la aplicación de una fuerte presión con las manos. Si no salían burbujas era porque estaba perfectamente sellado.

De allí le surgió la idea de echar agua destilada en la cavidad abdominal una vez terminadas las suturas de los intestinos, y luego presionarlos fuertemente para observar si salían burbujas. De esta manera garantizaba que una vez cerrada la pared abdominal no habría riesgos de que su contenido contaminara el peritoneo. Una técnica que pronto fue utilizada en todo el mundo y que le dio más prestigio al médico cartagenero.

A la par de su carrera médica, Alfonso Bonilla Naar también tuvo un gran renombre como escritor. Son recordadas las novelas Viaje sin Pasajero y La Pezuña del Diablo -llevada a la televisión con Ronald Ayazo y Raquel Ercole-, su libro de relatos Cuentos Impresionantes, así como Lucero su cuento de navidad para niños. En compañía de Oscar Echeverry Mejía publicó una Antología de poesía colombiana y fue presidente de la Academia Hispanoamericana de Letras. Su obra literaria completa fue publicada por la Biblioteca Banco Popular y por el Instituto Colombiano de Cultura.

Un detalle histórico de su vida, fue que él estuvo en el quirófono atendiendo a Jorge Eliécer Gaitán el día de su magnicidio el 9 de abril de 1948, en compañía de los doctores Hernando Guerrero, Carlos Venegas, Antonio Trías, Agustín Arango, Yezid Trebert Orozco, Raúl Bernet y Carlos Jiménez Guerra.

Murió de cáncer a los 62 años de edad, el 28 de diciembre de 1978.





Reportaje en El Universal de Cartagena sobre el reinado de Amirita Mouthon Barrios.

AMIRITA MOUTHON BARRIOS

En las fiestas del Bicentenario de la Independencia, el 11 de de Noviembre 2011, muchos cartageneros pudieron conocer personalmente a la primera Reina de las Festividades del Once de Noviembre, que fue elegida en 1937. Y fue posible porque la alcaldesa Judith Pinedo le hizo una especial invitación para que la acompañara en el magno evento. Se trata de Amirita Mouthon Barrios, quien a la edad de 14 años recibió la solicitud para participar en el reinado en representación del barrio de San Diego de manos del presidente de la Junta de Fiestas, Alejandro Amador y Cortés.

Sus padres, Juan Mouthón Rivera y Amira Barrios Simancas, dieron el visto bueno, y sus amigas le organizaron un comité para vender los votos que eran requeridos por la junta para poder elegir a la ganadora. Las otras jovencitas en el torneo galante fueron Manuelita Jiménez de Torices, Aurita Rodríguez de Getsemaní, Mani Baena de La Catedral, Alicia Navia de Manga, Virginia Castillo de Lo Amador y Josefina San Juan de Alcibia. En total Amirita logró 5771 votos al hacer el conteo, por lo que el Concejo Municipal la declaró ganadora.

Lo que siguió era algo inédito, ya que hasta ese momento Cartagena nunca había tenido una Reina. La apoteosis se apoderó para los actos de coronación que se realizaron en el Teatro Heredia el 9 de noviembre de 1937.

En su álbum de recuerdos, todavía conserva los detalles de ese reinado. Allí está consignado que Manuel Ignacio de Lavalle escribió un himno con música de Lucho Bermúdez, y Daniel Lemaitre escribió las palabras que pronunció el día de su coronación como Su Majestad Imperial Amirita Primera.

Después la vida siguió su curso y Amirita terminó sus estudios en la Escuela Normal de Señoritas y se dedico a la docencia en la escuela Ciudad de Barranquilla de Torices, hasta su jubilación. Fue miembro del Capítulo de Cartagena de la Unión Ciudadanas Cívicas de Colombia, con quienes trabajó activamente por el reconocimiento de los derechos de la mujer.

Se casó con el ingeniero agrónomo Carlos Crismatt Araújo, quien falleció en enero de 2006. Los hijos de este matrimonio son Carlos, Ivelice, Juan Carlos, Nadina, Iris y Javier. Además, tiene 14 nietos y 18 bisnietos.

Desde hace algunos años los medios redescubrieron a Amirita I, y desde entonces es personaje invitado para las crónicas anuales de las festividades del Once de Noviembre.




BENITO

Era moreno, delgado, de cabello negro ondulado y con finos bigotes. Se llamaba Benito González y llegó de San Onofre [Sucre]. Tenía una chaza que colocaba en una de las aceras de la calle Vicente García. Y se diferenciaba de los otros vendedores ambulantes por dos cosas muy particulares. Por una parte, por su vestimenta, ya que siempre llevaba una chaqueta de color café, y de otro lado, porque escribía a toda hora en su inseparable cuaderno la traducción -cualquier cosa que eso significara en su mente- que estaba haciendo de la Biblia.

Su clientela era preferencialmente de los estudiantes de la Universidad de Cartagena, ya que se comentaba que había cursado algunos años de ingeniería civil en el alma máter cartagenera. Por ese supuesto pasado estudiantil era que los universitarios lo invitaban -y él aceptaba- para que se postulara a los cargos de elección popular, incluida la presidencia. Y Benito entonces hacía gala de su natural oratoria para comunicar su plataforma de gobierno, que incluía poner un abanico en el cerro de La Popa para refrescar a la ciudad y construir un puente hasta San Andrés Islas para que el transporte fuera más rápido que el que hacían las lanchas que atracaban en el muelle de Los Pegasos.

De estos proyectos mostraba las planchas que hacía en papel mantequilla, gracias a los conocimientos que tenía del dibujo técnico. Y aunque los estudiantes lo cargaban en hombros para las manifestaciones políticas y se burlaban de él, siempre fueron solidarios con sus necesidades y le aportaban dinero, ropas, cuadernos y lápices para sus actividades personales.





Campo Elías Gutiérrez, el más representativo de los atletas de Bolívar y cuyos hijos -que conformaron la 'Dinastía Gutiérrez'- brillaron con luz propia en el atletismo y el béisbol.

CAMPO ELÍAS GUTIÉRREZ

Campo Elías Gutiérrez dedicó toda su vida al atletismo donde se desempeñó como competidor y dirigente. Fue durante varios años, por allá en 1930, campeón nacional de lanzamiento de jabalina y disco, además de actuar en las carreras de 100 y 200 metros planos.

En todas estas modalidades representó a Colombia en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, acompañado del velocista cartagenero José Domingo "Perro" Sánchez -ganador de los 100 metros planos en la segunda olimpíada nacional- y del saltador barranquillero Francisco Del Vechio, convirtiéndose en los primeros costeños en una justa olímpica. También asistieron el semifondista Pedro Emilio Torres, y los fondistas Hugo Acosta y Hernando Navarrete. Solamente se les había adelantado Jorge Perry Villate, quien asistió solitario a los Juegos Olímpicos de Los Angeles en 1932.

Campo Elías Gutiérrez tenía gran parecido físico con Jesse Owens -el corredor norteamericano héroe de esos Juegos Olímpicos ya que ganó los 100 y 200 metros planos, el relevo de 4x100 y el salto largo-, por lo que se veía asediado por los berlineses cazadores de autógrafos. Y Campo Elías, con ese espíritu festivo de los cartageneros, les seguía la corriente y tomó muy en serio ser el doble de Jesse Owens.

Pero al margen de esta anécdota hay que destacar la herencia atlética que nos legó en su propia familia.

Hernando, su hijo mayor, fue uno de los mejores velocistas colombianos y como licenciado en Educación Física prestó sus servicios al atletismo de Bolívar. Se recuerda su participación en los VIII Juegos Nacionales celebrados en 1960 en Cartagena, en donde perdió los 100 metros planos al voltear a ver a su escolta -el vallecaucano Pedro Grajales-, quien lo pasó en esos segundos de indecisión. El escenario fue la pista atlética de la Base Naval.

Fredy, otro de sus hijos, fue récord nacional de los 100 metros planos y estuvo en los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964. En Colombia, es la única pareja de padre e hijo que han asistido a las olimpíadas.

Joaquín, apodado "Jackie", fue el tercer colombiano en subir a las grandes ligas de béisbol norteamericano. Y el resto de la dinastía Gutiérrez -Alma Rosa, Guillermo, Gustavo y Manuel-, también fueron actores de primera línea del atletismo cartagenero.

Otra anécdota que merece contarse en estas breves líneas, es que en 1963 Bolívar asistió al XVIII Campeonato Nacional de Mayores en Bucaramanga, cuyo equipo fue dirigido por Hernando Gutiérrez -el mayor de los hermanos-, el delegado lo fue su padre Campo Elías Gutiérrez y además asistieron otros dos hijos, Fredy y Manuel.

En esa justa Freddy ganó oro en 100 y 200 metros planos, además de los relevos de 4x100 y 4x400 -lo que le valió su cupo a las olimpíadas de Tokio al año siguiente-. Por su parte Hernando cosechó oro en salto largo y heptatlón, mientras que Manuel obtuvo oro en salto triple y bronce en saltos alto y largo.

Al momento de su muerte, Campo Elías Gutiérrez residía en el estadio "Pedro de Heredia" -ahora rebautizado como "Jaime Morón"- del cual era su administrador. Quiso el destino que su última habitación terrenal fuese el coliseo en donde estaba la pista atlética. Y solamente la muerte pudo separarlo del escenario que tanto amaba y al cual le dedicó su vida y sus hijos.

Como un justo homenaje al héroe del atletismo en Cartagena, para la realización de los Juegos Centro Americanos y del Caribe del 2006 se construyó una pista para estos deportes con el nombre de Campo Elías Gutiérrez.




Carlos Modesto Crismatt Esquivia dedicó 38 años de su vida a reconstruir el Castillo San Felipe de Barajas, en Cartagena de Indias [Colombia - Sur América]. De una obra en ruinas en manos de particulares, que servía de basurero y las gentes del lugar llamaban simplemente el Cerro de San Felipe, con paciencia de relojero fue colocando cada piedra en su lugar hasta recuperar el más importante baluarte de la ingeniería militar española.

CARLOS CRISMATT ESQUIVIA

Fue el hombre que hizo el milagro de recuperar de las ruinas al Castillo San Felipe de Barajas, en un trabajo de relojero que le permitió rehacer con el esfuerzo de maestros de obra y trabajadores cartageneros cada uno de los baluartes, tendales, taludes, túneles y demás partes de la estructura militar, estrictamente ceñido a los planos originales de Don Antonio de Arévalo.

Los habitantes de principios del siglo XX vieron impasibles cómo se fueron desmoronando las piedras del Castillo, cómo las malezas y los árboles ocuparon su cima, cómo la joya de la corona española se fue convirtiendo en un basurero y como la propiedad de los terrenos pasó a manos de particulares.


Estado en ruinas del Castillo de San Felipe de Barajas alrededor de 1920, en donde se aprecia una zona calva rodeada de árboles. Esta foto da una dimensión del trabajo realizado durante 38 años por Carlos Modesto Crismatt Esquivia.
[Foto: Cartagena de Indias Fotos de Antaño.]

Contra todo eso tuvo que luchar Carlos Crismatt Esquivia cuando ingresó a la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena el 4 de diciembre de 1928, para hacer un trabajo callado pero eficiente que duró 38 años hasta el año 1966, cuando tuvo que retirarse por una afección cardíaca. Su último acto fue cuando recibió el 4 de Julio de 1968 "el diploma de Honor, en reconocimiento a su labor por la restauración del castillo San Felipe de Barajas, de esa ciudad de Cartagena de Indias" de manos de Don Juan Manuel Zapatero, miembro de la Junta Directiva de la Asociación Amigos de los Castillos de España.

Esta fue la última vez que Carlos Crismatt Esquivia subió con paso lento la rampa del Castillo para recibir en lo alto el único reconocimiento que se le hizo en vida. El otro se hizo a finales de los años ochenta cuando la Sociedad de Mejoras Públicas construyó en el interior de la batería de San Lázaro el Centro Audiovisual de Investigaciones CAVI, y allí se albergó el teatro "Carlos Crismatt".

Nació el 24 de febrero de 1889 en Cartagena, en la Calle de Tumbamuertos del barrio de San Diego, y murió en la misma ciudad el 20 de octubre de 1970 a los 81 años de edad. En la juventud de su vida trabajó como aprendiz en la imprenta de Don Domingo De la Espriella. Cuando tuvo la mayoría de edad ingresó a la Aduana de Cartagena, para posteriormente viajar a Panamá en 1919, en donde vivía su hermano mayor, para tratar el asma que lo acompañó hasta el final de sus días.

Al regreso en 1920 fundó la primera empresa de transporte urbano, con buses de la marca Dodge que les financió el agente de esa fábrica Don José Vicente Mogollón, su amigo personal, ya que se conocieron en el barrio de San Diego desde niños. La creación de otras dos compañías para atender los pocos barrios de entonces hizo decaer el negocio y en 1925 dio por terminada su actividad transportadora local. Sin embargo, insistió con la carga en camiones hacia los municipios, especialmente de los más cercanos como Bayunca, Clemencia, Santa Catalina, Santa Rosa y Villanueva.

Casado con María Isabel Aráujo Cowan, tuvieron 10 hijos: Carlos, Ofelia, Bertha, Alfonso, Ayda, Alfredo (murió de un año), Alfredo, Elida, Enrique y Wladimir.

[Ver trabajo de grado de la restauradora Natalia Tous Domínguez]





Jorge Artel [sentado], Carlos Alíes [izquierda], Carlos Crismatt Araújo {centro} y Régulo Ahumada Zurbarán {derecha].

CARLOS CRISMATT ARAÚJO

Estudió en Medellín primero en el colegio San José en donde se graduó de bachiller normalista, y después terminó ingeniería agronómica en la sede de esa ciudad de la Universidad Nacional de Colombia. En Medellín le hicieron compañía sus hermanos Alfonso, Enrique y Wladimir, quienes se quedaron y formaron sus hogares allá. También recordaba la amistad que surgió en esas tierras con los hermanos Elías y Ricardo Bechara Zainúm, nacidos en Lorica, Córdoba, siendo el primero el fundador de la Universidad de Córdoba y la Universidad del Sinú, y el segundo un brillante cirujano que era llamado "el bisturí de oro del Sinú".

Por sus estudios de normalista fue docente de ciencias biológicas durante algunos años en la Facultad de Bachillerato de la Universidad de Cartagena, nacida en 1944, convertido luego en el colegio Departamental de Bachillerato y cuyos alumnos se graduaron en 1950 en el recién creado Liceo de Bolívar. Entre sus numerosos alumnos, que después hicieron parte de la dirigencia local, recordaba a Marún Gossaín Jattin de quien fue su acudiente desde su llegada a Cartagena procedente de San Bernardo del Viento. Luego fue nombrado vicerrector del colegio San Pedro Claver en Cartagena, durante los años que estuvo al frente de la rectoría el historiador Gabriel Porras Troconis.

Posteriormente decide seguir su carrera de agrónomo y labora inicialmente en la Secretaría de Agricultura de Bolívar, durante el periodo del sanjacintero don Pablo Lora Villa, en la cual se encarga de administrar la Granja de Turbaco. También, en esos años, fue encargado de la Página Agropecuaria del diario El Universal por solicitud de su propietario y director Domingo López Escauriaza. De allí pasa a vincularse al Instituto de Fomento Algodonero IFA, en donde desde mediados de los años 50 y durante varias décadas oficia de director de sus plantas de desmotamiento, además de prestar servicios de asistencia técnica a los agricultores.

Durante el primer semestre de cada año tenía como sede el departamento del Tolima, ya que allí los cultivos de algodón se sembraban en esa época, y las desmotadoras estaban ubicadas en Honda y El Guamo. En el segundo semestre la cosecha pasaba a la Costa Atlántica, específicamente a Córdoba -en Montería y Cereté- y al Magdalena -en Codazzi y Villanueva-. Es de recordar que entonces no existía el departamento del Cesar. Además de la experiencia profesional, tuvo la oportunidad de hacer amigos, como el caso del compositor Rafael Escalona, quien fue cultivador de algodón. Lo mismo que los hermanos Luis Miguel y Carlos Pardo García -los ganaderos de reses bravas de El Socorro- en Cereté, Córdoba.

Después de la desaparición del IFA en 1968 pasó al Incora para fomentar los cultivos de palma africana en los Llanos de Colombia, pero el algodón lo volvió a llamar y se vinculó poco después como gerente de Coral en Cereté, una empresa de agricultores que querían seguir en la brega de este cultivo. Pero esta última etapa de agrónomo fue muy breve, ya que poco después regresó a Cartagena para reemprender su carrera docente, primero con su familiar Fernán Caballero Vives en el colegio Liceo de la Costa, para después laborar hasta la edad de retiro forzoso en el Colegio Departamental de Bachillerato Femenino Nuestra Señora del Carmen, al lado de su hermana Bertha Crismatt de González, quien fue la primera rectora hasta su retiro por jubilación.

Fue amante de las artes, de la música, de la literatura y de la poesía. En su casa siempre se realizaron tertulias con sus amigos más cercanos. Fue el primero en adquirir el disco de larga duración de El Sueño de las Escalinatas, el extenso poema de Jorge Zalamea Borda, que en reuniones con el agrónomo arjonero Hernando Herrera y el abogado Raúl Castilla Castilla, entre otros, reproducían entusiasmados. En su biblioteca ocuparon lugar especial las novelas históricas de Francia, como Los Pardaillan, además de todos los clásicos de la literatura colombiana y universal.

También hacia veladas con otro grupo de amigos encabezados por Napoleón Perea -el famoso narrador deportivo- y Alfredo 'Papi' Coronel -el papá de Juan Carlos Coronel-. En sus últimos años de vida hacía reuniones semanales con sus viejos amigos, como el poeta Jorge Artel, el dramaturgo Régulo Ahumada Zurbarán y el director de teatro Carlos Alíes, todos desaparecidos. En sus visitas a Colombia, también se unía al grupo el pintor Heriberto Cogollo.

Carlos Crismatt Araújo fue el hijo mayor de Carlos Crismatt Esquivia -el hombre que le dedicó su vida a la reconstrucción del Castillo San Felipe de Barajas- y de María Isabel Aráujo Cowan. Nació el 17 de diciembre de 1917 y murió el 15 de enero de 2006. Estuvo casado hasta su muerte con Amirita Mouthon Barrios, quien fue la primera Reina de las Festividades del Once de Noviembre en 1937.




CARLOS 'PETACA' RODRÍGUEZ

Carlos 'Petaca' Rodríguez ha sido considerado siempre como el mejor beisbolista colombiano en todas las épocas. Durante la campaña que hizo el colega Napoleón Perea Castro en los años 70 para crear el 'Hall de la Fama' del Béisbol de Bolívar, su nombre fué escogido junto al de Pedro 'Chita' Miranda para abrirlo. Y el municipio de Cartagena les brindó un homenaje a 'Petaca' y a 'Chita' al bautizar con sus nombres dos avenidas del barrio Chiquinquirá.

Como resulta muy extenso consignar todas las hazañas deportivas de 'Petaca' Rodríguez, se destacarán tan solo algunas de las más sobresalientes. Le tocó a Carlos 'Petaca' Rodríguez ganar el primer juego de Colombia en una serie mundial. Lo hizo en la VII Serie realizada en el estadio 'Cervecería Caracas' de la capital Venezolana frente a Nicaragua el dia 12 de Octubre de 1944, ganando 1 a 0. Realizó un gran duelo de serpentinas, frente al conocido 'Chino' Melendez, lanzándole a 32 hombres y ponchando a 6. Los Colombianos jugaron sin errores y anotaron su única carrera en el cuarto episodio en las piernas de 'Chita' Miranda, quien bateó de triple y llegó a home por toque de bola del Cosme Pájaro.

El line-up de estos primeros mundialistas fue así: Isaac Villeros (único sin apodo), LF; Humberto 'Papi' Vargas, CF; Andrés 'Venao' Flórez, 1B; Pedro 'Chita' Miranda, SS; Andrés 'Fantasma' Cavadía, RF; Cosme 'Pajarito' Pájaro, 2B; Carlos 'Petaca Rodríguez, P; Julio Isidoro 'Cobby' Flórez, C; José 'Judas' Araújo, 3B. Asistieron además Julio Galofre, Pedro Merino, Pedro 'Pollo' Zambrano (quien ganó el segundo juego) Pedro Ojeda, J. de Avila, Heriberto Ronco, José 'Cabezón' Corpas, Julián Gohyte, Cesar Bustos y Cipriano Herrera. Cómo directivos Enrique Torres y Juan González Cornett.

En ese mismo campeonato 'Petaca' perdió un memorable partido frente a Cuba, que según los cronistas de la época se debió a que su cuadro no lo respaldó, en duelo con el lanzador 'Jiquí' Moreno. Pero tuvo su gran desquite en los V Juegos Centroamericanos y del Caribe realizados en Barranquilla en 1946, cuando le ganó dos veces consecutivas. El 9 de Diciembre le ganó 1 a 0, carrera que fue anotada por 'Chita'. Y el 25 del mismo mes le ganó 2 a 0 en 11 entradas, en partido de la serie final, con carreras anotadas por Vargas y Bustos. Colombia se coronó al final campeón y obtuvo su primer título internacional.

'Petaca' Rodriguez participó también en la VIII Serie Mundial, realizada otra vez en Caracas en el mes de Octubre de 1945, ganándole a Nicaragua 5-2 y dos veces a Panamá 8-5 y 3-1. En esta segunda salida a Series Mundiales, Colombia fue subcampeón.

En 1947, 'Petaca' hizo parte de la Selección Colombiana que ganó el título mundial en la IX Serie realizada por primera vez en Cartagena, quien inauguró para esa ocasión el coloso beisbolero 'Once de Noviembre'.

Después hizo su ingreso en las toldas del béisbol profesional colombiano, militando en el aguerrido club de 'Los Indios' que llegó a ser el más famoso equipo de esa época por estar constituido por jugadores criollos. Ellos eran: Julio 'Cobby' Flórez, C; Ramón 'Varita' Herazo, 1B; Armando 'Niño Bueno' Crizón, 2B; Pedro 'Chita' Miranda, SS; José 'Judas' Araújo, 3B; Carlos 'Pipa' Bustos, LF; Humberto 'Papi' Vargas, CF; Andrés 'Fantasma Cavadía, RF; y los lanzadores Carlos 'Petaca' Rodríguez, 'Flaco Herrera, 'Quique' Hernández, 'Vereco' Gómez, 'Venao' Florez y 'Chato' Magallanes.




EL DOCTOR MORÉ



Frente de la antigua Clínica Vargas, situada en la carretera de Torices, en donde el Doctor Moré tenía su territorio.
[Foto de Internet.]

Dicen que fue el primer hombre que se volvió loco por amor en Cartagena, debido al despecho por no ser aceptado por una bella joven. La antigua Clínica Vargas en la carretera de Torices era su lugar de descanso y meditación. La casa en donde ésta funcionaba fue construida en la parte alta, a la que se accedía subiendo por un costado la empinada loma, y en la parte baja tenía un amplio jardín con un caminito central que remataba en una amplias escalinatas que no se usaban.

Pues bien, estos últimos eran los territorios del doctor Moré, de quien también se decía que había comenzado a estudiar medicina y que fue el exceso de concentración en los estudios la causa de la posterior aparición de su locura. Su nombre de pila era Rubén Moré Vélez, y los propietarios de la clínica que eran sus parientes -los doctores Vargas Vélez- le daban albergue y comida. No se sabe si por estar mucho tiempo en los terrenos de la clínica, por sus estudios de medicina o por su parentesco con los doctores Vargas que se le conocía como el Doctor Moré.

Siempre se le veía ataviado con un ajado saco de lino -que en sus primeros tiempos fue blanco- y con un viejo cuaderno en sus manos en donde escribía un libro sin final. Era un loco tranquilo, que según los relatos había ocupado algunos cargos de importancia en la ciudad. También cuentan que en sus recorridos por el centro amurallado se acercaba a sus antiguas amistades para hacerles cobros por deudas imaginarias.




EL LOCO ARTURO

Quizás el loco más famoso y recordado de Cartagena fue Arturo. Hijo de un funcionario público y bautizado como Arturo Meza, tenía una estatura mediana, una contextura delgada y una agilidad de gato que le permitía correr y escabullirse cuando se le perseguía después de una pilatuna. Estaba en todas partes, se montaba en el techo de los buses, les quitaba las bicicletas a los niños y jóvenes para después dejarlas abandonadas, se le veía siempre a la cabeza de cualquier acto público, participaba activamente con fuertes gritos en las manifestaciones y se burlaba de los otros locos del centro histórico.

Se cuenta que para quitárselo de encima, una autoridad municipal lo mandó para Sibaté -en donde funcionaba el hospital de locos más famoso de Colombia- y cuando lo pusieron a llenar de agua un barril sin fondo gritaba a cada momento que él podía ser loco pero no bruto, por lo que pronto lo regresaron a Cartagena. Durante una marcha estudiantil, que terminó en fuertes protestas y pedreas contra el comercio, el Loco Arturo alcanzó a robarse unas botas del Almacén Croydon de la calle Primera de Badillo y se las colgó de un hombro, y cuando fue capturado por la policía e interrogado sobre el robo que había hecho, preguntó con desparpajo que quién se las había puesto allí.




EL TIBURÓN DE MARBELLA

Los asiduos visitantes de las playas de Marbella sólo sabían que se llamaba Tomás, pero eso no importaba ya que era más conocido como El Tiburón de Marbella. Era negro, fuerte, de cara achatada, con músculos bien definidos y una amplia sonrisa que mostraba sus dientes blancos.

Corría la mitad del Siglo XX y en Cartagena las playas para uso público de Bocagrande, Marbella, Crespo y La Boquilla eran de poca extensión. Por ejemplo, en ese entonces el tramo entre el barrio de El Cabrero y el Hotel Caribe no eran utilizados por los bañistas ya que estaba defendido de los embates del mar por grandes piedras.

Y había un problema, ya que las costas del Caribe estaban infestadas de tiburones. Todavía se recuerda el enorme tiburón que fue colgado de un palo de almendra en la puerta de la Policía Municipal, al pie de la muralla enfrente del Banco Bogotá.

La playa habilitada en Bocagrande estaba frente al Hotel Caribe, y para garantizar que los tiburones no atacaran a las personas se autorizó a que hicieran un cerramiento en malla y cobraran por su acceso, lo que se conoció como "Las Playas González".

En cambio, en la zona de Marbella -entre El Cabrero y Crespo- había una pequeña playa muy acogedora, que estaba truncada hacia Crespo por una boca del caño Juan Angola, pero que no tenía protección contra los tiburones. Era el destino de la mayoría de habitantes de Cartagena, y además contaba con el hotel del mismo nombre que recibía el turismo de clase media del interior. Como a los visitantes les gustaba bañarse en el mar desde muy temprano antes de que el sol calentara, Tomás llegaba a primera hora en las mañanas para servir de vigilante y alertar la posible llegada de tiburones, además de socorrer a los bañistas en cualquier problema.

A Tomás también le gustaba hacer alarde de los conocimientos que tenía del mar y de su fauna. Siempre tenía tiempo para acompañar a los niños y jóvenes a buscar las jaibas, morenas, caracoles, rémoras y otros animales marinos que vivían entre las piedras del mar de El Cabrero.

Si proponérselo, Tomás se convirtió en el primer salvavidas público de Cartagena. Y de su oficio tomó el nombre de El Tiburón de Marbella, con el que también se subió a los tinglados de boxeo. Se recuerda que Tomás -con ese alias- ya era un veterano cuando compartió la velada en que debutó el valiente Mario Rossito, uno de los campeones sin corona del boxeo colombiano.




FORTUNATA Y ÑAÑÉ

Fueron dos leyendas de la alimentación popular en el barrio de Torices. Cuando los establecimientos de comidas rápidas de caché aún no habían aparecido en el horizonte cartagenero, Fortunata y Ñañé eran dos nombres reconocidos en la entrada del Teatro Caribe.

Fortunata era morena, grande y robusta, con el encargo de hacer los fritos y las carnes más apetecidas por los habitantes del barrio y sus alrededores, a quienes sacaba de apuros para las comidas de las noches del fin de semana. Y es que además de las empanadas de carne, las arepas de huevo, las carimañolas de yuca y los buñuelos de frijol, también era experta en preparar chicharrones y carnes fritas acompañadas de patacón.

Por su parte Ñañé también era moreno pero más bien bajito, con una pierna no desarrollada que reposaba sobre la muleta de madera. Mientras Fortunata ponía su fritanga al aire libre, Ñañé tenía su propio quiosco de color azul -no sé si era por causa política-, en el que despachaba avena y horchata heladas. Esta última bebida era hecha con ajonjolí y tenía un levísimo sabor amargo que gustaba a mucha gente. Ambos productos eran envasados en botellas recicladas de ron blanco y tapadas con corcho, y al momento de entregar el producto para su consumo a cada botella le daba un pequeño y calculado golpe en el fondo para desprender el corcho. No falta anotar que usaba las famosas neveras de palo, recubiertas en su interior con láminas de metal, y a las que se les metía pequeños bloques de hielo con cascarilla de arroz para que durara más.

Con el cierre del Teatro Caribe, Fortunata llevó su mesa de fritos al terreno enfrente del viejo edificio del aeropuerto de Crespo, y Ñañé tuvo que cerrar su negocio y dejarnos sin la horchata.




GUILLERMO BAENA SOSA

En sus propias palabras, Guillermo Baena Sosa era un periodista nato que siempre estaba en la 'pomada'. Con su estilo de las gentes del Caribe, su olfato para las noticias, su valor personal para enfrentar a los funcionarios públicos y su don de estar siempre en el lugar adecuado, le pegó en el alma al pueblo cartagenero.

Los más recordado de su actividad profesional fue el programa ¿Qué hace usted por Cartagena?, que grabó en el colectivo de la ciudad frases que aún hoy -después de su muerte- se repiten en los medios y en las conversaciones. Su estilo y el formato de su programa han sido copiados una y mil veces, pero -repitiendo una frase de cajón-, el del 'Guillo' siempre ha sido el original.

Su actividad estaba concentrada en sus oficinas de 'Prensa Norte', a mitad de cuadra en la calle de Don Sancho. Allí, a través de una alta puerta de madera de dos hojas, se ingresaba a una amplia sala de recibo con unos muebles clásicos de fuertes brazos y forrados en cuero, así como un abanico de aspas en el techo de madera de la casona colonial. A un lado de esta sala, construyó el 'estudio' de madera con ventanas de vidrio, insonorizado y dotado de micrófonos, teléfonos y una campana de bronce, en donde se originaba la señal del programa para ser trasmitida por un 'par telefónico' hasta la emisora. No sobra decir que los técnicos de 'Telecartagena' -la empresa de teléfonos de la época- tenía especial cuidado con el funcionamiento de este 'par', para no 'picarle' la lengua a Guillermo.

Entonces, a 'control remoto' -como se decía antes- hacía su programa todas las mañanas, en donde recibía las llamadas de sus oyentes para sacar a la luz los diferentes problemas de sus comunidades. Y de inmediato se daba a la tarea de localizar por teléfono al funcionario público responsable del tema, para ponerle la queja al aire y solicitarle una respuesta para solucionar las peticiones de los participantes.

Sus asistentes en estos menesteres eran su hermano Rubén Baena Sosa y su hijo, a quien promocionaba como el 'Junior' Baena Cabanillas, quienes tenían todo 'cuadrado' con los controles de la emisora, de tal manera que sabían el momento de las intervenciones de Guillermo y los bloques de las 'cuñas'.

Y aquí era donde Guillermo Baena Sosa sacaba a flote todo ese arsenal de frases con las que acorralaba literalmente al funcionario, para lograr su cometido. Como buen periodista, tenía bien clara la forma de cuestionarlo, de tal manera que no le saliera con evasivas.

Pero si la diligencia era negativa -sin razón alguna que la justificara-, entonces se escuchaban por la radio las formas más chistosas de regañarlos. Una de ellas era cuando el funcionario recurría al expediente de darle largas al asunto, aseverando que solucionaría el problema 'la otra semana', a lo cual el 'Guillo' respondía: ¾'aquí tengo otro 'semana entrante'. Y cuando la respuesta dejaba simplemente el asunto en el aire, entonces lo mandaba a 'peinar icoteas' o a 'corretiar iguanas en la pista del aeropuerto'.

Además, si el funcionario no se atrevía a contestar la llamada, o era una corbata que nunca iba a la oficina, o simplemente quería escurrir el bulto, entonces los recriminaba con frases como 'zafa caimán mocho' o 'sale por chatarra'. Y cuando veía que definitivamente la situación no daba para más, entonces recurría a la 'campana', quizás la mejor forma de decirle que se le había acabado el tiempo -como en el boxeo- y que no había hecho nada. Al final, decir que Guillermo Baena le había tocado la 'campana' a alguien, era como una especie de sanción social.

En ocasiones también tenía un regaño para aquellos que en época de elecciones se dejaban seducir por las prebendas de los políticos para conseguir el voto, y los incitaba a 'no vender sus conciencias por ron, plata ni sancocho'.

Aunque esta era la imagen un poco folclórica que el pueblo tenía de Guillermo Baena Sosa, en el fondo fue uno de los más completos y recursivos periodistas que tuvo Cartagena. A través de su agencia de noticias 'Prensa Norte' servía de corresponsal a otros medios locales -'El Universal'- y nacionales -'El Siglo' y 'La República'-. Además, sirvió para formar otras figuras del periodismo cartagenero, que trabajaron o hicieron pasantías en 'Prensa Norte'.

Su figura siempre estaba presente en la llegada de personajes ilustres, como sucedió con las dos visitas de don Juan Carlos De Borbón, una en 1958 cuando era un cadete de 20 años del velero de la armada española 'Juan Sebastián El Cano', y luego en 1976, ya como Rey de España.

También cubrió los campeonatos mundiales -en 1965 y 1970- y los nacionales de béisbol que se jugaron en el estadio 'Once de Noviembre'. Lo mismo hacía con el boxeo, y allí estuvo en primera fila -en 'ring side'- para cubrir en la 'Plaza de Toros Cartagena de Indias' los campeonatos mundiales de boxeo de Antonio Cervantes 'Kid Pambelé' frente a Chang Kil Lee y Víctor 'Millón' Ortiz en 1974, y con Miguel Montilla en 1980; la de Rodrigo ' Rocky' Valdez frente a Rudy Robles en 1975; la de Ricardo Cardona ante Rubén la 'Cobra' Valdez en 1978; y la de Miguel 'Máscara' Maturana con Kelvin Seabrooks en 1987.

En 1978 estuvo acreditado en la Convención de la Asociación Mundial de Boxeo 'AMB' realizada en Cartagena, en donde fue reelegido su presidente, el venezolano Fernando Mandry Galíndez. En su casa de Marbella -a orillas del lago de El Cabrero- se hicieron varias reuniones con este ilustre personaje, en compañía -entre otros- de Napoleón Perea Castro, Ramiro Machado -el representante de 'Kid Pambelé', Julio Guerrero y Carlos Crismatt Mouthon.

Igualmente, estuvo en las calles cubriendo los eventos importates para los cartageneros, como los bandos de las fiestas del 11 de noviembre y los reinados nacionales de belleza, 'cuando las fiestas eran las fiestas'.

Finalmente, hay que anotar que después de caída la tarde 'Prensa Norte' se convertía en un tertuliadero, en el que sus amigos más cercanos compartían noticias, chismes y cuentos. En gran parte de los años 70 y 80, la mayoría de las veces lo acompañábamos Napoleón Perea Castro -su gran y leal amigo de toda la vida- y el suscrito. Pero el gran momento era cuando llegaba el escritor Héctor Rojas Herazo -en los tiempos en que escribía 'Celia Se Pudre'-, y le hacíamos 'el cuarto' para tener vivencias personales sobre el tema de la novela.

Como aún la salsa no se había puesto los pantalones largos, su música preferida para las reuniones eran los éxitos de Rolando Laserie -como 'La Ola Marina'- y 'Cortijo y Su Combo' -el de 'Quítate de la Vía Perico'-, así como los boleros de las estrellas vocales de la 'Sonora Matancera' -Celio González, Carlos 'Argentino' Torres, Orlando Contreras y Nelson Pinedo, entre otros-.

Y a pesar de su manera dicharachera de hablar, Guillermo era conservador en sus 'pintas' y en su ideario político -recordemos que su hermano Aníbal fue miembro directivo de ese partido-. En los días laborales por lo general usaba camisas de un solo tono y corbata. Si la camisa era manga larga, se la arremangaba a medio antebrazo. Pero los fines de semana y festivos era a otro precio y se vestía más Caribe.

La muerte de Guillermo Baena Sosa cogió a todo el pueblo cartagenero -sus fieles oyentes- de sorpresa, pues estaba en plena madurez y en el momento estelar de su carrera. Pero -sin lugar a dudas-, dejó el listón bien alto para quienes después han tratado de hacer periodismo social y de denuncia.





Médicos egresados de la Universidad de Cartagena, en Magangué el 1 de Mayo de 1958, luciendo el ultimo destello de la Medicina Francesa entre nosotros (el gorro blanco mientras se atendía al paciente). En primer plano el Doctor Hugo Vásquez Cáez. A su lado y atendiendo al paciente, aún muy joven, pero ya entregado a lo que sería su pasión de toda la vida, la oftalmología, el doctor Juan C. Arango Álvarez.
[Foto y pie de foto: Fototeca de la Facultad de Medicina Universidad de Cartagena. 17-07-2010]

JUAN C. ARANGO ÁLVAREZ

Juan C. Arango Álvarez fue el más cartagenero de los colosoanos. En la Heroica se hizo médico de la Universidad de Cartagena, se especializó en oftalmología, fue dos veces alcalde de la ciudad, representante a la cámara y rector de su alma máter.

En todos sus documentos se identificaba como Juan C. Arango Álvarez, y no usaba su segundo nombre de Crisóstomo, sino apenas la 'C' inicial. Pero el pueblo que lo quería siempre lo llamó 'Juancho' Arango.

Desde el comienzo de su carrera de medicina mostró especial interés en el área oftalmológica, tal como lo destacaron en el boletín de la Fototeca de la Facultad de Medicina Universidad de Cartagena del 17 de julio de 2010, en donde publicaron una foto del egresado Juan C. Arango Álvarez que el 1 de mayo de 1958 atiende de la vista a un paciente en Magangué, Bolívar, y recordaron que lucía el gorro blanco de la Medicina Francesa

Su primer consultorio oftalmológico lo abrió en la calle Segunda de Badillo, más o menos en el año 58, que estaba dotado de los mejores avances técnicos de la época. Tenía los equipos para medir la vista, hacer diagnósticos y realizar terapias, como una lámpara Philips de rayos infrarrojos -innovadora en esa época- para disminuir las inflamaciones traumáticas.

Después comenzó su largo periplo en el servicio social a los más necesitados y a los que estaban lejos de los centros de atención sanitaria. En Cartagena su labor se reflejó en el trabajo realizado con el Club de Leones, que permitió ofrecerle a la comunidad servicios de oftalmología a bajo costo o muchas veces gratuitos. Esta cruzada llevó también a la construcción de la Clínica Oftalmológica del barrio El Espinal, que por cambios en los planes de salud departamentales pasó a ser administrada por la gobernación de Bolívar, y luego con la entrada en vigencia de la Ley 100 terminó en el cierre de sus servicios.

Después puso la mira en los habitantes de aquellas poblaciones de Bolívar que estaban alejadas de la capital, y por ello inicialmente hacia viajes los fines de semana para atenderlos. Pero después se concretó el sueño de habilitar una lancha hospital -con todos los equipos necesarios- que pudiera llegar a aquellos lugares apartados que estuviesen a orillas de ríos y ciénagas, y ofrecer una atención de mejor calidad.

Ese afán de servicio no pasó desapercibido y la dirigencia política cartagenera empezó a ver en este joven profesional una persona que podía servirle a la ciudad en otros campos. Fue así como estuvo en dos oportunidades de alcalde de Cartagena de Indias, un primer periodo del 14 de octubre de 1961 a mayo 10 de 1962, y el segundo del 13 de junio de 1972 al 14 de agosto de 1974.

Juan C. Arango Álvarez tenía una fuerte personalidad que le permitía poner todo su empeño en lo que hacía. Por ello, su balance en la actividad política fue positiva, aunque a veces algunas decisiones fueron controversiales y a otras no se les dio la importancia que merecían.

Un primer ejemplo fue la erradicación de la zona de tolerancia de 'Tesca', que si bien en sus primeros tiempos estuvo un poco escondida, con el crecimiento de la población y el aumento de la movilidad por la avenida Pedro Heredia quedó a la vista de todos los que pasaban en bus para los barrios del sur o entraban y salían de la ciudad, en todo el frente de las oficinas del tránsito y del Sena.

Sus detractores opinaban que esta decisión lo que hizo fue esparcir estos cabarets por toda la ciudad, sin detenerse a pensar que ya no se podía permitir que siguieran funcionando en las narices de los niños, jóvenes y mujeres que pasaban por allí.

Otra acción visionaria y valiente, fue la de hacer en 1973 una reserva de terrenos en las faldas del cerro de la Popa, declarándolos de utilidad pública. Y lo hizo porque ya era evidente la erosión que presentaba por la acción de quienes hacían cultivos, extraían materiales y establecían viviendas, lo que aumentó la destrucción de gran parte de la vegetación nativa. Quizás si en estos 40 años se le hubiese puesto atención a su llamado, se habría prevenido el desastre del barrio San Francisco y los que puedan suceder en el futuro.

En esos tiempos los alcaldes eran designados por los gobernadores, y estos lo eran por el presidente de la república. Así que después decidió acudir a las urnas para ser elegido a la Cámara de Representantes, lo que consiguió gracias al trabajo social que había desarrollado desinteresadamente durante tantos años. Pero esta actividad le quitaba tiempo tanto para el ejercicio de su profesión como para el servicio social, y por eso -en un acto que no se espera de un político- decidió renunciar a su curul.

También ocupó la rectoría de la Universidad de Cartagena, en cuyo claustro se graduó de médico cirujano.

Aunque algunos lo tildaban de cascarrabias, era proverbial su sentido del buen humor. Por ello, no se hace raro que algunas de las anécdotas que se le atribuyen sean muy recordadas.

Una, cuando era rector de la Universidad de Cartagena y los estudiantes que estaban en huelga madrugaron para pintar un letrero a la entrada de su oficina que decía "Juancho Arango es loco". Cuando llegó a la universidad y comenzó a subir las escaleras, los estudiantes se fueron detrás de él para ver su reacción. Pero cuando llegó y leyó lo que habían escrito, se apresuró a buscar pincel y pintura, pero -ante la desilusión de los estudiantes- no para tacharlo, sino para agregarle ".. y calvo".

Otra, en el momento en que presentó su renuncia a la Cámara de Representantes, y en la plenaria explicó que el motivo era que cuando regresaba de las correrías políticas, encontraba la comida fría y a su mujer caliente.

Y aquella que tuvo relación con la llegada del barco hospital 'Hope' a Cartagena, que era muy grande en comparación con la lancha hospital con la que él prestaba sus servicios en la provincia bolivarense, por lo que la apodaron 'Hopito'.




LA CARIOCA

Fue la primera empresa de cobro unipersonal que hubo en Cartagena. Se llamaba Vicenta Díaz y ella misma se puso el sobrenombre de "Carioca" después de ver en el cine a la brasilera Carmen Miranda -a la que inmortalizaron en una foto con su arreglo de frutas tropicales en la cabeza-, tras lo cual se convirtió en uno de los personajes célebres de Cartagena. Por muchos años encabezó los desfiles del Bando en las Fiestas del 11 de Noviembre y se recuerda su disfraz de niña sana, que consistía en sólo dos pañales -uno para el pecho y otro para abajo- y un tetero grande, con su cara maquillada, su cabellera rubia arremolinada y su enorme cuerpo untando de aceite y talco para niños.

La fábula local cuenta que era asidua visitante de los barcos que llegaban al puerto y que tuvo varios hijos de padres de diferentes nacionalidades. Pero su punto culminante se dio como cobradora de deudas de dudoso recaudo, para lo cual usaba la técnica de hacerle una primera visita a la víctima para concertar el plazo en que podía pagarla, utilizando en ella términos amables y cariñosos -como "papito", "mi amor" y otros por el estilo-, y además con la amplitud que fuera la propia persona la que pusiera la fecha para su amortización. Pero cuando este no cumplía con lo pactado, llegaba hasta el punto de desnudar su robusta anatomía en la casa u oficina del deudor y le lanzaba los más duros epítetos, lo que se convirtió en el ábrete sésamo para que todos le cumplieran con exactitud las promesas de pago a La Carioca.

Años después en Bogotá se utilizaron las técnicas de avergonzar a los clientes de La Carioca en la creación de la figura de Los Chepitos, que vestidos de frac y con un elegante maletín negro obligaban a los rancios santafereños a pagar sus deudas con su sola presencia.





Clímaco Mouthon Barrios, inicialista y jardinero de 'Los Pollos' y atleta velocista representante de Bolívar en campeonatos nacionales.

LOS POLLOS DE TORICES

El equipo de 'Los Pollos' fue un buen equipo de béisbol de Torices, considerado este barrio como la cuna de los mejores beisbolistas de Cartagena, entre ellos a Inocencio 'Yuya' Rodríguez, Armando 'Niño Bueno" Crizón, José 'Judas' Araújo, Abel 'Tigre' Leal, Humberto 'Papi' Vargas, José Miguel Corpas y el 'Ñato' Ramírez.

El equipo 'Los Pollos' fue en su época lo que hoy podemos llamar 'taquillero', ya que por su conformación y agresividad causaba sensación en todos sus compromisos. Era dirigido por Rafael Mouthon -después columnista de El Universal y comentarista taurino-, quien también jugaba la receptoría y hacía de lanzador, recordando las crónicas que él como novato blanqueó a la fuerte novena de Colpuertos.

Su receptor titular era Alfonso González; en la inicial actuaban Alfonso Barros, Amaury Coronel -padre del beisbolista Dayro Coronel- y Clímaco Mouthon, jugando también los dos últimos en el outfield; en la segunda base Joselo Baldiris -que posteriormente fue beisbolista profesional y se graduó de ingeniero- y Neftalí Frías -padre del beisbolista Ulises Frías-; el paracortos era Enrique Castro -una de las manos más seguras del béisbol de esa época- y en la tercera base lo hacían Gustavo Brún y José Roque García.

En el outfield también jugaban Avelino Barros, Gilberto Martínez y Adriano 'El Llano' Mendoza. Este último era un terrible toletero quien desde su debut en el estadio 'La Cabaña' se dedicó a volar la cerca frecuentemente, conectando dos jonrones en su primer partido y mandándola más lejos que 'Chita' Miranda, según cuentan algunos testigos. Se rememora que Avelino Barros y Clímaco Mouthon se destacaron además como atletas dedicados a las pruebas de velocidad, representando a Bolívar en campeonatos nacionales. Así mismo, Avelino Barros es recordado por su odisea en el mar, en la cual sobrevivió varios meses después de haber naufragado su nave.

El cuerpo de lanzadores lo componían Generoso Cuesta, 'El Flaco' Pérez, Rafael Mouthon y Alfredo 'Velocidad' Crismatt -quien después fue el piloto de la primera aeronave colombiana secuestrada y llevada a Cuba-. Ellos fueron los encargados de tirar los bultos a sus contrincantes 'Los Millonarios', 'Casa Blanca', 'Hielo Popa', 'Almendra Tropical' y 'San Carlos' entre otros. Todas sus confrontaciones estuvieron inspiradas por la mística y el amor a sus colores, reconociéndose hasta hoy a 'Los Pollos' como el equipo divisa de Torices en la década del cuarenta.




LUISA MARTÍNEZ

Vivió en la época en que la ropa sucia no se lavaba en casa. La costumbre era que las señoras encargadas de esta labor se las llevaran a sus viviendas para lavarlas, aplicarles azul y almidón y devolverlas perfectamente planchadas. Luisa Martínez era morena, delgada, dicharachera y de una fuerza y resistencia que nadie pudiera adivinar al ver su menudo cuerpo. Vivía en la calle Guillermo Posada del barrio Torices, y su código de honor era entregar el mismo inventario de ropas que le habían entregado para su custodia, sin manchas, sin rasgaduras y sin que nadie de su familia se las pusiese a escondidas.

Cuando llegaba a las casas de sus clientas -acompañada de alguna de las hijas que la ayudaban-, ya sea para recoger o traer la ropa, saludaba con familiaridad a todos los que encontraba, especialmente a los niños a quienes cuidaba como si fueran hijos suyos. Y si tenía tiempo, ayudaba en algunos oficios domésticos antes de irse.




PANCHO PEPE CRÓQUER

Pancho 'Pepe' Cróquer fue un famoso locutor venezolano -cuyo nombre completo era Francisco José Cróquer Páez- que completaba el equipo de la Cabalgata Deportiva Gillette con el cubano Felo Ramírez y el argentino Buck Canel. Era muy conocido en la ciudad en la mitad del siglo XX por las transmisiones del béisbol de grandes ligas, y cuando la visitó en diciembre de 1955 para competir en una carrera de autos que tenía dos etapas de ida y vuelta entre Barranquilla y Cartagena por la recién pavimentada carretera de La Cordialidad, no sabía que era un viaje sin retorno.

Y es que después de incursionar en la transmisión de algunos eventos automovilísticos, en donde conoce entre otros al argentino Juan Manuel Fangio -piloto en ese entonces de la Fórmula 1-, toma la decisión de ponerse detrás del volante. Durante esa etapa de su vida Pancho Pepe Cróquer ya había participado y ganado en otras competencias, por lo que era el favorito de sus fanáticos en Cartagena de Indias.

Por eso cayó como un balde de agua fría la noticia que en la recta de Molineros, en territorio del Atlántico, Pancho 'Pepe' Cróquer se había salido de la carretera y dado varias vueltas de campana, lo que culminó con la muerte en el acto del popular locutor. Desde esa luctuosa fecha del 18 de diciembre de 1955 todavía algunos viejos aficionados al deporte recuerdan el nombre, las hazañas y la muerte de Pancho 'Pepe' Cróquer.

Quizás la anécdota menos conocida de Pancho 'Pepe' Cróquer es que a él se le atribuye el uso de la palabra 'ponche' para el 'strike out' en los partidos de béisbol. De acuerdo con los relatos de la época, como uno de sus patrocinadores era el 'Ponche Crema' -un licor a base de ron, huevo, leche y azúcar-, entonces utilizaba el nombre de 'ponche para denominar el 'out' después de tres 'strikes'.




PEDRO 'CHITA' MIRANDA

El nombre de Pedro 'Chita' Miranda suena con música propia en los oídos de los fanáticos del béisbol, quienes lo han considerado como el mejor campocorto y el más recio bateador colombiano.

Tuvo 'Chita' Miranda el honor de anotar la primera carrera de Colombia en su primera participación en una serie mundial. Ocurrió en la VII Serie Mundial de 1944 realizada en Caracas y en el primer partido de Colombia, frente a Nicaragua, el cual fue ganado por los criollos 1 0, mediante gran pitcheo de 'Petaca' Rodríguez en duelo con el famoso 'Chino' Meléndez. A la altura del cuarto episodio 'Chita' conectó un soberbio batazo de tres bases y, luego de fallar 'Fantasma' Cavadía, llegó al plato por jugada de squeeze play de Cosme 'Pajarito' Pájaro.

En ese mismo juego inició el primer doble-play de Colombia, lanzando a Cosme Pájaro en segunda para forzar, y éste tiró al 'Venao' Flórez en primera para concretarlo.

Al final del torneo fue considerado como el bateador más fuerte de Colombía, si bien no fué el más regular ya que por average de bateo fue el cuarto de la novena nacional. También anotó la única carrera del juego en que Colombia derrotó por primera vez a Cuba 1 a 0, lo cual sucedió el 9 de diciembre de 1945 en los V Juegos Centroamericanos y del Caribe realizados en Barranquilla. Hay que anotar que Colombia le volvió a ganar a Cuba en otro juego del mismo torneo y ambos encuentros fueron lanzados por 'Petaca' Rodríguez.

Después de destacarse en la VIII Serie Mundial de 1945 realizada en Caracas, donde Colombia fue subcampeón, y en la IX Serie Mundial de 1947 en Cartagena, donde obtuvimos el primer campeonato orbital, ingresó a las toldas del profesionalismo en el equipo 'Indios' donde brilló al lado de los puros criollos como torpedero y cuarto bate. Hizo célebre su manera de aceptar la bola, jugar con ella y disparar a la inicial para que 'Varita' Herazo inmortalizara su estirada de caucho y su mascotín de molde único. Fueron muchos los que trataron de imitar a 'Chita', pero solamente él nos ha demostrado que era capaz de hacerlo.

A raíz de la inquietud de Napoleón Perea de crear en los años 70 el 'Hall de la Fama del Béisbol', el nombre de Pedro 'Chita' Miranda fue escogido por los aficionados para inaugurarlo -al lado de Carlos 'Petaca' Rodríguez-. Y en disposición del Concejo Municipal se bautizó con su nombre la calle adyacente al Once de Noviembre y que une la avenida Pedro de Heredia con la carretera de Olaya Herrera. Allí una rústica tablilla dice: Avenida Pedro 'Chita' Miranda.



Última actualización: Julio 27 de 2013


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