EL BARRIO DE TORICES


Foto de la casa de Carlos Crismatt Esquivia en la parte alta de calle Bogotá, en Torices.


Por: Carlos Crismatt Mouthon



EL INICIO

La falta de espacio en el centro de la ciudad motivó a algunos de sus habitantes a buscar nuevos rumbos, algunos de ellos en los terrenos del actual barrio de Torices.

Su nombre se tomó de Manuel Rodríguez Torices, quien nació en Cartagena de Indias el 24 de mayo de 1788. Hizo sus estudios primarios en esta misma ciudad y se recibió de abogado en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, de Santafe de Bogotá. Tuvo un papel principal en la independencia de Cartagena de Indias de la corona española y fue firmante del acta de independencia el 11 de noviembre de 1811.

Entre sus numerosos cargos, al final de su vida fue elegido por el Congreso de la Nueva Granada como vicepresidente de Camilo Torres Tenorio, quien a su vez había sido elegido como presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada.

Fue apresado por orden de Pablo Morillo y ejecutado el 5 de octubre de 1816 en Santafe de Bogotá, junto con Camilo Torres. Para dar muestra de poder y tratar de debilitar los movimientos de independencia, sus cuerpos fueron descuartizados y las partes exhibidas en diferentes partes de la ciudad. En su homenaje, hay un busto colocado en el Camellón de los Mártires de Cartagena de Indias.

La calle Bogotá fue una de las primeras urbanizadas con hermosas edificaciones familiares, entre ellas las del doctor Porto y la de Carlos Crismatt Esquivia -quien dedico su vida a la reconstrucción del Castillo San Felipe de Barajas- ubicadas frente a frente en la parte alta, en límites con el barrio de Nariño. La de Carlos Crismatt es de estilo republicano y es apreciada por los estudiosos de la arquitectura en Cartagena de Indias. En la parte baja de esta misma calle, limitando con la carretera de Torices, estaba la del doctor Cruz -con un frondoso y acogedor patio-, quien fue el padre de Carlos y 'El Bebo' Cruz.

En sus primeros tiempos, las casas de Torices se hicieron a una buena altura de la calle, pero con el paso de los años las escorrentías de las calles que conectan con La Popa en las épocas de lluvias fueron trayendo cantidades de tierra hasta el punto en que las aguas comenzaron a inundar las casas. Las calles estaban sin pavimentar y era difícil controlar este fenómeno, por lo que hubo de crearse defensas contra las corrientes de aguas y en algunos casos elevar la altura del piso.


Foto de los años 40, que muestra la altura sobre la calle de esta casa en el Paseo de Bolívar.



EN LAS FALDAS DE LA POPA

Torices recibe las últimas estribaciones de la serranía de La Popa -en donde está la ermita de la Virgen de la Candelaria-, ya que la mayoría de sus calles nacen en sus faldas, como Santander, José María Passos, Jorge Isaacs, Guillermo Posada, La Paz, Santafe, El Progreso y San José, hasta continuar con la zona de San Rita.

Además, hacia el lado de El Espinal está la loma en donde se construyó el colegio de La Salle. Igualmente, se levanta la famosa Loma del Diamante, la cual se hizo famosa en las narraciones del béisbol profesional por la participación del equipo Torices. La última elevación corresponde a los terrenos de la antigua Clínica Vargas, entre la calle Bogotá y el callejón de Los Besos -parte final de la calle Jorge Isaacs entre la calle Julio Arboleda y la carretera de Torices-.




LA CARRETERA DE TORICES

La carretera de Torices -identificada en la nomenclatura de Cartagena como la carrera 14- fue la principal vía del barrio, que nacía en el cruce de la línea del antigua ferrocarril y atravesaba el Playón del Blanco, para luego transcurrir entre los dos sectores de La Loma del Diamante y El Papayal, después de la calle Bogotá pasar por la clínica Vargas, el teatro Caribe, el sector del Siglo XX y finalmente morír a la altura de Santa Rita en donde se encuentra con el Paseo de Bolívar.

Esta era la vía principal de la ruta de buses Torices - Crespo, y todos los habitantes del barrio debían desplazarse hasta ella para tomar el bus. Como en esa época no existía la avenida Santander que comunica Marbella con Crespo, todo el transporte hacia el aeropuerto de Crespo debía hacerse por esta carretera. Posteriormente, con la apertura de la avenida Santander se abrió una nueva ruta del Centro a Crespo a través de ella, y la antigua Torices - Crespo se convirtió en Torices - Santa María.


Bus de la ruta Torices - Santa María. Foto: Cartagena de Indias Fotos de Antaño.

Hoy es fácil llegar al aeropuerto Rafael Nuñez utilizando la Avenida Santander, pero antes de 1969 debía hacerse un largo y tortuoso recorrido. (Ver: La Ruta al Aeropuerto)




EL PASEO DE BOLÍVAR

La apertura del Paseo de Bolívar -identificado en la nomenclatura como carrera 17, y que las gentes se acostumbraron a contraer como 'Paseo Bolívar'- fue una gran fiesta para los habitantes del barrio de Torices, ya que se mejoró el flujo vehicular y se pudo abrir la ruta de buses de Daniel Lemaitre.

La carrera 17 nace en Manga, en el Club de Pesca, se convierte en la avenida California después de los dos parques de ese barrio, pasa por el puente de Las Palmas y el Castillo San Felipe de Barajas, atraviesa la avenida Pedro de Heredia e ingresa al sector de El Espinal en donde están ubicados la Clínica del Club de Leones y el Coliseo Bernardo Caraballo, punto este último en donde comienza Torices. Continúa después derecho por todo el barrio hasta alcanzar el sector de Santa Rita y luego toma la curva y continúa por Canapote para morir finalmente en el barrio Daniel Lemaitre, al borde de la ciénaga de La Virgen, en límites con el barrio San Francisco.

Pero el verdadero Paseo de Bolívar nace como tal en el punto en donde la carrera 17 se une a la avenida Pedro Heredia, para finalizar en Santa Rita, en la curva de Canapote.


Entrada al Paseo de Bolívar por la avenida Pedro Heredia, a la altura del barrio El Espinal.



LOS LÍMITES CON EL ESPINAL

También hay que aclarar los límites entre Torices y El Espinal. Al entrar por la carretera de Torices, el límite natural lo fue la carrilera del tren, que después se convirtió en la avenida Pedro de Heredia. Al proseguir, a la izquierda estaba el Playón del Blanco y a la derecha la cuadra en donde funcionó el teatro Variedades. Enfrente de esta cuadra quedó una zona amplia cercenada del Playón de Blanco por la carretera de Torices. Además, en la esquina de la segunda cuadra a orilla de carretera -al final de esta zona- estaba ubicado el colegio Rueda Lineros, de gran tradición en la educación cartagenera.

Posteriormente, se comenzaron a construir viviendas sobre la orilla de la carretera de Torices que daba al Playón del Blanco. En una de esas casas funcionó la lavandería La Blanca, una de las primeras con servicio a domicilio en unas camionetas azules de las llamadas 'bolas'.

En lo que respecta a la entrada del Paseo de Bolívar por la actual avenida Pedro de Heredia, se tuvo que hacer su trazado por un sector de El Espinal en donde después se construyó la clínica oftalmológica del Club de Leones. De tal manera, que por esta vía el barrio de Torices comenzaba en donde estuvo un arco cemento que era la entrada de una finca -el que después fue derrumbado-, enfrente de donde quedaba la alfarería El Tendal, que fabricaba principalmente tejas de barro cocido. Hoy se ubica este punto entre el coliseo Bernardo Caraballo y la urbanización Tequendama.




LOS CINCO SECTORES

Es necesario aclarar que Torices desde sus inicios cuenta con otros cinco sectores, que aunque tienen vidas e historias propias hacen parte integral del mismo.

El Papayal

El primero es El Papayal, que está delimitado entre la carretera de Torices y el lago de El Cabrero, y entre la calle Bogotá y los terrenos de Chambacú. En este sector nació el legendario pitcher de béisbol Orlando 'El Caballo' García.

En El Papayal, en la esquina de la calle Bogotá con la carretera de Torices, quedaba la famosa tienda 'El Campesino', de la familia Casatti. Los habitantes de los años 50 recuerdan la muerte en un accidente aéreo de un joven piloto de la fuerza área nacido en Torices y que era novio de una de las hijas de esa familia. El sepelio congregó a todo el barrio en la misa de la iglesia San José de Torices.

La Loma de Diamante

El segundo sector es la mencionada Loma del Diamante, delimitada entre el Paseo de Bolívar y la carretera de Torices, y desde la calle Bogotá hasta la calle de Las Carretas. Allí vive la familia del famoso pintor Heriberto Cogollo, entre ella su hermana Brunilda Cuadrado Cogollo. Hay que anotar que este excelente artista residente en París usa en su nombre el apellido materno. También reside el rey del trabalenguas Eliseo Herrera, quien grabara sus famosas canciones con grandes agrupaciones musicales, como la Sonora Cordobesa, Los Corraleros de Majagual y la Orquesta de El Terminal.

Santa Rita

El tercer sector es Santa Rita, que está delimitado entre el Paseo de Bolívar y las faldas de la Popa, y de las calles Santa Teresa, La Libertad y Sucre hasta el mercado sectorial de San Rita. Entre la última calle y el mercado, existió un amplio playón para el juego del béisbol, que ahora es ocupado por una concentración educativa y el campo de sóftbol 'José Miguel Corpas', en homenaje al excelente beisbolista nacido en este barrio y que llevó al seleccionado de Antioquia a ganar un campeonato nacional de béisbol en el estadio Once de Noviembre. Aquí también vivió el padre de José Miguel, a quien se le conoció con el 'Cabezón' Corpas.

El Siglo XX

El cuarto sector es el Siglo XX, de figura un poco triangular, situado entre el Paseo de Bolívar y el caño de Juan Angola, y entre la calle del Progreso y la estación de gasolina ubicada en el vértice de la unión de la carretera de Torices con el Paseo de Bolívar. Vale anotar que después de esta unión, continúa como carrera 17 o Paseo de Bolívar, hasta Daniel Lemaitre. En ese sector existió un playón en el que se jugaba béisbol por los jóvenes del barrio.

San Pedro

Y el último sector por anotar, es una lengua de tierra enfrente de Santa Rita, entre la carretera y el caño Juan Angola -contigua al Siglo XX-, que cuando fue invadida se le dio el nombre de Cara'e Perro, pero que después cambió el nombre por el de San Pedro.




EL PUENTE BENJAMÍN HERRERA

Para llegar al centro de la ciudad, los toricenses debían tomar la carretera de Torices, atravesar la línea del puente, salir por El Espinal, pasar por el puente Heredia y entrar por la Media Luna.

Por ello, se cristalizó la idea de construir el puente Benjamín Herrera que une a Torices con Marbella, en la parte norte de la calle Guillermo Posada -la única calle de este barrio que se conecta con el territorio insular de Cartagena-, y de esta manera también se podía transitar por la calle Real de El Cabrero y llegar al centro por San Diego.

Entre otras cosas, las gentes no utilizan el nombre oficial del puente y hablan indistintamente del puente de Torices o del puente de Marbella.




LOS TEATROS

Del barrio de Torices quedan numerosos recuerdos de la mitad del siglo XX. Tenía tres salas de cine: el Variedades, el Caribe -ambos a orillas de la carretera de Torices- y el cine Anita -más conocido como el 'Cultural' del señor O'Byrne- situado en la calle Guillermo Posada en la cuadra entre el Paseo de Bolívar y la calle Julio Arboleda.

El señor O'Byrne vivía en la misma calle Guillermo Posada, pero en la cuadra antes del puente Benjamín Herrera que une a Torices con Marbella, y allí fundó una tienda con el nombre de La Sombra, que después pasó a manos de la familia Ugarriza. Al final, con la mudanza de esta familia, La Sombra terminó en el barrio de Crespo.

Fortunata y Ñañé

En el teatro Caribe -localizado en la esquina de la carretera de Torices con la calle La Paz-, tenían sus negocios Fortunata y Ñañé. Ellos fueron dos leyendas de la alimentación popular en el barrio de Torices. Cuando los establecimientos de comidas rápidas de caché aún no habían aparecido en el horizonte cartagenero. (Ver: Fortunata y Ñañé)

Al lado de este teatro estaba una pequeña heladería que prestaba sus servicios a los asistentes a través de una ventana abierta hacia el hall de la entrada. Los dueños eran del interior del país y tenían además una tienda bien surtida que estaba al frente de la heladería.




LA EDUCACIÓN

La oferta educativa era amplia. Para el kínder contaba con las escuelas del maestro Pérez, a cargo de sus hijas, en la calle Guillermo Posada -subiendo del Paseo Bolívar hacia La Popa-, y la de la 'seño' Lola Palmeth en el Paseo de Bolívar, entre calles Jorge Isaacs y José María Pasos.

También estaban el tradicional colegio Rueda Lineros -en una esquina de la carretera de Torices antes de llegar al teatro Variedades-, y el Eucarístico de Torices, en la esquina de la calle de Bogotá con la Julio Arboleda, al lado de la iglesia San José de Torices.

Y otra institución que aún está vigente es la Escuela Ciudad de Barranquilla, que comenzó sus labores en una casona enfrente de la Clínica Vargas, con las normalistas Elida Cuesta y Amira Mouthon. Después fue trasladada al sector de Santa Rita, en los terrenos del antiguo campo de béisbol, con el nombre de Concentración Educativa Ciudad de Barranquilla




LA SALUD

La Clínica Vargas

La Clínica Vargas fue uno de los tres centros de atención en salud con que contaba Cartagena a mitad del siglo XX, junto al Hospital Santa Clara -en San Diego- y la Clínica de Manga. Después llegaron el Hospital Universitario, la Clínica del Club de Leones, el Hospital San Pablo -que atendía los pacientes con problemas mentales-, el Hospital de Bocagrande, la Clínica de la Madre Bernarda, la Casa del Niño y la Clínica de Maternidad.

Era atendida directamente por sus fundadores y propietarios, los hermanos Raúl, Daniel y Eusebio Vargas Vélez, médicos egresados de la Universidad de Cartagena. Siempre funcionó en una bella casa de tipo republicano levantada en la parte alta de la última estribación del cerro de La Popa, en toda la orilla de la carretera de Torices, y entre la calle Bogotá y el llamado callejón de Los Besos -que es parte de la calle Jorge Isaacs-. Tenía además un amplio jardín en la parte del frente con un corredor que remataba en unas anchas escalinatas. El tráfico automotor hacia la clínica se hacía por un asfaltado y empinado camino sobre el lado izquierdo.

Su estratégica situación la convirtió en la elección obligada de los habitantes de los barrios de Torices -con todos sus sectores-, El Espinal, Nariño, Lo Amador, Canapote, Daniel Lemaitre, Crespo y La Boquilla.

Hoy no existen los hospitales Santa Clara y Universitario, y las clínicas de Manga y del Club de Leones. Y la Clínica Vargas fue vendida y transformada en la San José de Torices.

El doctor Baena Sayas

Cuando se requería un médico en casa, los habitantes de Torices recurrían a los servicios del doctor Baena Sayas, quien vivía en la calle Guillermo Posada en la cuadra antes del puente Benjamín Herrera. Era un profesional con el sentido del servicio de los antiguos médicos familiares, y con una habilidad clínica que le permitía resolver los problemas de salud de la comunidad.

El doctor Baena Sayas tenía en esos tiempos su consultorio en la Plaza de Coches, en una pequeña casa de tres pisos que quedaba ajustada entre el edificio Barbur y la antigua sede la policía -hoy sede bancaria-, que hacía la esquina enfrente del actual Palito de Caucho.

Fue miembro de la Academia Nacional de Medicina, de la Sociedad Médico-Quirúrgica de Cartagena, de la Asociación Colombiana de Medicina Interna (ACMI) y profesor del departamento de Medicina Interna de la facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena.

El doctor Moré

Aunque de manera tangencial, en la historia de la Clínica Vargas hay que mencionar al 'doctor Moré', de quien se dice que se volvió loco por el desprecio de una bella pretendiente. También se decía que había comenzado a estudiar medicina y que fue el exceso de concentración en los estudios la causa de la posterior aparición de su locura.

Aunque no era nacido en Torices, Rubén Moré Vélez -más conocido como el 'doctor Moré' o el 'loco Moré'-, era un asiduo visitante de la Clínica Vargas e hizo parte de la historia del barrio. (Ver: El doctor Moré)




EL DEPORTE

El boxeo no fue ajeno al barrio. En lo alto de la calle de La Paz, casi en las faldas de La Popa, existió un modesto sitio para la práctica de este deporte, con un ring sin muchas ínfulas, peras rajadas, llantas viejas y velillos. Y en la misma calle, abajo, en la cuadra pegada al caño Juan Angola, vivió desde su época de gloria Bernardo Caraballo, quien también se casó con su esposa Zunilda en la iglesia San José de Torices.

Igualmente, Torices ha sido considerado como la cuna de los mejores beisbolistas de Cartagena, entre ellos a Inocencio 'Yuya' Rodríguez, Armando 'Niño Bueno" Crizón, José 'Judas' Araújo, Abel 'Tigre' Leal, Humberto 'Papi' Vargas, José Miguel Corpas y el 'Ñato' Ramírez.

Y además de darle nombre a la popular novena del béisbol profesional 'Torices', también vio nacer el equipo de 'Los Pollos', uno de los mejores de los años 40 del pasado siglo. (Ver: Los Pollos)




LAS FARMACIAS

Torices también tenía dos farmacias.

La Farmacia de Guillermo Fernández Baena

Una farmacia, era la de Guillermo Fernández Baena, que estuvo primero en la calle Jorge Isaacs -entre la calle Julio Arboleda y el Paseo de Bolívar-, y después en la esquina de la carretera de Torices con la calle Guillermo Posada.

Guillermo Fernández Baena era farmaceuta, hermano del insigne educador cartagenero Alberto Elías Fernández Baena, fundador, propietario y rector del colegio 'Fernández Baena'.

Tenía dos pasiones, los toros y la música. La tauromaquia la cultivó desde la llegada a La Heroica de los primeros toreros españoles de renombre y la construcción de la plaza de La Serrezuela. Era un entusiasta asistente a las corridas, y prolongaba su festejo tanto en su casa como en la de sus amigos, que siempre gozaban con la recreación de los mejores pases de esa tarde taurina.

Era ejecutor de varios instrumentos musicales, y esa herencia la recibieron principalmente su hijo Enrique Fernández Piñeres y su nieto Alejandro Paéz Fernández, hijo a su vez de su hija Argentina Fernández Piñeres.

Enrique Fernández Piñeres, más conocido por sus amigos como 'Quique' Fernández, fue un virtuoso del violín. Su arte lo regalaba en las tertulias con su amigo Napoleón Perea Castro -el más grande narrador de béisbol y boxeo de Colombia-, en las cuales además de acompañar a los espontáneos cantantes, hacía unas versiones humorísticas de conocidas canciones. Tuvo la oportunidad de grabar junto a Juan Carlos Coronel una edición del programa de televisión 'Tierra Colombiana' de Eucario Bermúdez.

'Quique' Fernández fue el tutor desde niño de su sobrino Alejandro Paéz Fernández, quien es hoy uno de los más importantes intérpretes, compositores y arreglistas de Cartagena. Aunque se inició con el violín, su versatilidad le permite ejecutar con indudable maestría la mayoría de los instrumentos musicales.

La Farmacia Doria

La otra, era la Farmacia Doria, ubicada en la esquina del Paseo de Bolívar con la calle El Progreso. El señor Doria había llegado desde las tierras del Bajo Sinú, en Córdoba, y sus hijas Helen y Emilia son dos importantes profesionales cartageneras.

La Farmacia de Víctor Barrios

Algunos recuerdan la farmacia de Víctor Barrios, pero en realidad esta quedaba en El Espinal, en la curva que se hacía al pasar por la Calle Real de El Espinal y cruzar la línea del tren -a la altura de los antiguos talleres del ferrocarril- para llegar a la carretera de Torices.




LAS FÁBRICAS FAMILIARES

La familia Sáenz fabricaba en la esquina del Paseo de Bolívar con la calle de La Paz sus famosos dulces enganchados a un palito, con figuras como el paragüitas y el caballito. En esa misma casa muchos jóvenes dieron sus primeras clases de piano con una de las hijas del señor Sáenz. En la calle Betsarabia estuvo una fábrica de vinos moscatel del señor Nuñez. Y en lo alto de la calle Bogotá, en los límites con el barrio Nariño, en la casona de dos pisos del doctor Porto, existió la fábrica de betunes de Rigoberto Hernández.

No podía faltar la mención de la 'Panadería Flórez', propiedad del polaco José Polchlopek, que estaba en la esquina sureste del Paseo de Bolívar con la calle Jorge Isaacs. Tenía en esa época unas maquinarias para elaborar grandes cantidades de pan, que eran distribuidos en toda la ciudad en varias camionetas de su propiedad. La panadería llevaba el apellido de su esposa Socorro Flórez, y los hijos de la familia Polchlopek Flórez fueron Ana -casada con José Sierra-, Juan, Josefina -casada con el doctor Zakzuk-, Alfredo y Mirtha -casada con el agrónomo Rodolfo Cepeda-. Se recuerda que en la visita del Papa Juan Pablo II a Cartagena, José Polchlopek tuvo una reunión privada con su ilustre paisano.




LAS TIENDAS

Las tiendas eran varias. Entre las más recordadas -además de la mencionada El Campesino-, estaban sobre el Paseo de Bolívar la del señor Arango en la esquina de la calle Bogotá, 'La Colina' del señor Espinosa en la esquina con la Santander, la de Jorge Marrugo en la esquina de la José María Pasos, y la de Adela Marrugo -madre de Jorge- en la esquina con la Guillermo Posada. En la calle José María Pasos, en la entrada para el parque de la iglesia, quedaba la del 'Turco' Antonio.

Las compras en las tiendas eran al menudeo. El primer rito de cada día era enviar por la compra para el desayuno, que consistía en leche cruda, café, pan, queso y huevos. Como en esos tiempos la leche era cruda y envasada en cántaros, había que calentarla pero con el ojo abierto para que al momento de hervir no se derramara. Se recuerda que sólo a finales de los 60 se fundó en Cartagena la empresa Lechería Higiénica S.A. -más conocida por la sigla de 'Lesa'- que la vendía ya pasteurizada y en envases de vidrio con tapas de papel de aluminio.

Se recuerdan los famosos 'compuestos' para hacer las comidas. El 'compuesto verde' que llevaba preferencialmente pedacitos de hojas como lechuga, repollo, cebollín y otras verduras de temporada, y el 'compuesto seco' que contenía especies como clavo de olor, comino, achiote y pimienta. Estos 'compuestos' eran empacados en pedazos de papel de envolver, más o menos de media hoja carta, que se doblaban primero por la mitad y luego se envolvían por las esquinas hasta tomar la forma de una empanada.

También se vendía la panela en pedazos, para lo que se utilizaba una guillotina clavada al mostrador de madera. La manteca de cerdo se recogía de la lata con un cuchillo de cocina y luego se raspaba sobre un pedazo de papel de envolver doble. Cuando se fundó en Cartagena la fábrica de grasas vegetales, las tiendas la compraban en latas pero el cliente debía llevar su propio recipiente para despacharle la cantidad que necesitara.

El menudeo también funcionaba para el aseo personal. Eran muy famosos los productos para el cabello, como brillantinas y fijadores, que se guardaban en pequeñas bolsitas de celofán que se pegaban en unos cartones rectangulares, y que a su vez se colgaban de las paredes de local.

Para lavar la ropa, era costumbre utilizar el 'azul' para dejarla más blanca y almidón en polvo para hacerla más fresca. Estos productos se conseguían igualmente en la tienda en estos envases más pequeños.

El jabón para lavar venía en barras de forma rectangular, y la venta también se hacía por pedazos cortados con un cuchillo. Vale anotar que en las casas estas barras eran golpeadas después con un mazo hasta volverlas una bola. Por ello, más adelante surgió la novedad de la venta del jabón para lavar en bolas.

La costumbre era enviar a los niños de la casa a hacer el 'mandado' en la tienda, por lo que los dueños de éstas se inventaron dar un aliciente para que regresaran. Esto se conoció como la 'ñapa', que tenía diferentes normas según el propietario. En algunas tiendas daban directamente un casquito de panela, un pedacito de queso o una punta de platanito manzano. En otras se anotaba cada visita en un cartón, que después se convertía un regalo más grande.

Pero la institución más importante de las tiendas era el 'fiao'. Cuando la familia tenía 'crédito', simplemente se solicitaba el producto y se decía la frase mágica de 'mi mamá que se lo apunte'. De esta manera las tiendas colaboraban en la estabilidad de la economía familiar y de paso creaban un indisoluble lazo comercial. Al final del mes, cuando se recibía el sueldo, se pagaba la deuda y el juego continuaba.

En la cuadra antes del teatro Caribe tenía 'El Mayoral' -con su inseparable sombrero de paja- su puesto de venta de patillas, melones, mangos, papayas y otras frutas de temporada.

En la esquina de las calles Julio Arboleda y Guillermo Posada, un señor alemán tenía una venta de granos, especialmente del maíz para las gallinas.





LOS ESTANQUILLOS Y BARES

Había un estanquillo, el de Víctor Prada, en la esquina noreste de las calles Julio Arboleda y Jorge Isaacs, dedicado a la venta de licores de la Industria Licorera de Bolívar.

Su producto estrella era el Ron Blanco o Popular, cuyo envase tenía el cuello en forma de espiral y por eso le decían 'ron tornillo', con tapa de corcho y empacada en cucuruchos de estera. Se vendía por cajas, por unidades y por tragos. Los hijos de Víctor también tenían otra tienda en el Paseo de Bolívar entre las calles Santafe y El Progreso.

También funcionó el billar y bar 'Trianón' en la esquina del Paseo de Bolívar y la calle Guillermo Posada.




LOS OFICIOS

El Maestro Pérez

El barrio tuvo en esa época dos peluqueros de prestigio. Un fue el mencionado maestro Pérez, quien durante muchos años también se ocupó de este oficio. Como se dijo en otro lugar, vivía en la calle Guillermo Posada, en la cuadra pegada al Paseo Bolívar, en donde también funcionaba un kínder regentado por sus hijas.

El Matador Muñoz

Pero en este arte, el más recordado fue José Manuel Muñoz del Río -el 'Matador' Muñoz-, que alternó su oficio de fígaro con el de comentarista taurino. La figura del 'Matador' era conocida en la mayoría de los hogares de Torices, ya que su trabajo de peluquero lo ejercía a domicilio, para lo cual se acompañaba de un maletín negro estilo médico en el que portaba todas las máquinas y utensilios del oficio.

Pero en la ciudad, su nombre era reconocido como profundo conocedor del 'arte de Cúchares', y sus conocimientos los compartía a través de columnas de prensa y comentarios radiales.

Su hijo, Enrique Luis Muñoz Vélez, es un reconocido musicólogo que ha publicado obras como 'Adolfo Mejía Navarro, la musicalía de Cartagena' -la biografía del maestro cuyo nombre lleva ahora el Teatro Heredia-, 'La música, baile y la fiesta en la región del Caribe colombiano' y 'Cartagena festiva - la mascarada carnavalesca'.

El señor Crisón

Torices fue famoso también por el taller de orfebrería del señor Crisón, situado en la calle Julio Arboleda, en la cuadra siguiente a la iglesia San José. Allí le dieron vida a los primeros anillos, cadenas y esclavas de los niños y jóvenes del barrio.

Los seguidores del béisbol lo recuerdan bien, ya que fue el papá de Armando 'Niño Bueno' Crisón -el famoso segunda base del equipo profesional 'Los Indios', formado por puros criollos-, quien después se graduó como médico y se fue a ejercer en el departamento del Atlántico.

El Maestro Barrios

La carpintería del barrio estaba a cargo del maestro Barrios, en la calle de La Paz, quien fue el padre del famoso locutor Antonio 'El Tiro' Barrios.

El señor Martínez

También tenía dos talleres. Uno era el del señor Martínez, en la esquina noroeste del Paseo de Bolívar con la Jorge Isaacs, cuya principal actividad era la construcción de grandes tanques en láminas de acero.

Poseía el palomar más famoso del barrio, ya que en el patio tenían una casa de madera varios pisos montada sobre un poste del mismo material, de donde salían los pichones que los vecinos solicitaban para dar a los enfermos por la prescripción médica de dar 'sopita de pichón' a las parturientas y a los niños enfermos.

De esta familia se formaron dos médicos en la Universidad de Cartagena, Alfonso y Víctor. Gilberto, otro de los hijos, se jubiló en la marina y en su juventud hizo parte del equipo de béisbol 'Los Pollos'.

El señor Cortesero

El otro taller era el del señor Cortesero, en la parte de la calle Guillermo Posada colindante con La Popa, en donde hacía arreglos de equipos mecánicos. Pero la fama del señor Cortesero estaba en los cuentos que se le atribuían, en los cuales hacía uso de la exageración. Uno de los más recordados fue aquel en que narraba que su gallinero había crecido tanto que para poder alimentar las aves tuvo que coger una vieja máquina Singer y construir un helicóptero para repartir el maíz desde el aire.

El Mono Vega

La armada y la reparación de bicicletas eran la especialidad de Alfredo el 'Mono' Vega, quien tenía su taller en el patio de su casa en el Paseo de Bolívar, entre las calles Bogotá y Betsarabia. Estuvo casado con Aida Crismatt -hija de Carlos Crismatt Esquivia, el restaurador del Castillo San Felipe-, y de ese matrimonio nacieron Alfredo, Clara, Carlos y Aida. Cuando la modernidad disminuyó el uso de las bicicletas para el transporte, instaló una ferretería.




LOS GAYS DE LA ÉPOCA

La población 'gay' también tuvo dos representantes en esa época de mitad de siglo. Uno era un viejo moreno y delgado, a quien llamaban 'Musa' y que tenía el oficio de lotero, cuando la lotería se vendía por 'quintos' y no por fracciones como ahora. Sus principales clientes eran las señoras de las casas, con quien sostenía conversaciones para ponerlas al día de lo que pasaba en la ciudad.

El otro era joven, moreno y atlético, de nombre Ulises -quien usaba suéteres apretados para mostrar su musculatura-, y quien vendía los raspados por el todo el barrio en su carreta de madera, rematada por un techo para protegerse del sol y de la lluvia, con tres ruedas forradas con tiras de llantas de carro, con depósito para el hielo con cascarilla de arroz en la parte baja, con una plataforma a media altura forrada en zinc para raspar el hielo, y al frente y a los lados de ésta los lugares para insertar las botellas de vidrio de las esencias hechas con almíbar. Su arma era el 'cepillo', con un cuerpo rectangular y una tapa con pasador que ocupaba la parte superior y delantera -todo en metal-, además de una cuchilla de acero en la parte inferior que se podía graduar hasta encontrar el punto perfecto para el corte del raspado.

Algo anecdótico es que cuando llegaron las primeras neveras de gas y se podía hacer hielo en la casa, se hacían cubetas de hielo sin las divisiones, que entonces eran metálicas. Después se sacaba la barra de hielo, se paraba de costado y con este 'cepillo' se hacía raspado doméstico. Como en los patios de las casas de Torices crecían silvestres los tamarindos, mangos, guayabas, guanábanas, chirimoyas, jobos, papayos, mamones y muchos más, no había problema alguno para preparar también un almíbar con alguno de estos sabores.




LAS RUTAS DE TRANSPORTE URBANO

Para el transporte urbano en chivas -llamadas hoy buses-, inicialmente funcionó la ruta de 'Torices - Crespo', que arrancaba desde el barrio de Crespo, cruzaba el puente de Canapote sobre el caño Juan Angola -hoy desaparecido y reemplazado por el puente Alfonso Romero Aguirre-, cruzaba los barrios de Canapote y Santa Rita, y seguía por la carretera de Torices hasta El Espinal. El más emblemático de los choferes de esas 'chivas de palo' fue 'Aguja', quien tenía a su cargo un bus impecable y bien adornado.

Luego, con la apertura y pavimentación del Paseo de Bolívar se abrió la ruta 'Torices - Daniel Lemaitre', que salía de este último barrio, recorría el Paseo de Bolívar y salía por El Espinal para finalmente unirse a la carretera de Torices. Esta ruta también tuvo su personaje, que era 'Macario', un chofer moreno y gordo que manejaba una chiva que parecía estar siempre a punto de desarmarse.




LA DANZA DEL GALLINAZO

Para las Fiestas del 11 de Noviembre el barrio tenía una representación de lujo con la 'Danza del Gallinazo'. Los habitantes de la parte alta de la calle Jorge Isaacs -en las faldas de La Popa-, decidieron encarnar a los personajes de una leyenda que contaba la historia de un burro viejo y flojo que hace la siesta, mientras que los gallinazos -creyendo que está muerto y previendo un buen festín- danzan a su alrededor. El perro ladra tratando de evitar la desgracia de su viejo amigo, pero al final suena un escopetazo y el cazador -aburrido por su edad y pereza- da muerte al burro.

Cada personaje lleva un disfraz que lo caracteriza. El del burro tiene una máscara que simula la cabeza del asno y un vestido pardo con cascos y cola. El perro tiene igualmente una careta y un vestido de color con manchas. Estos dos personajes deben actuar agachados. Por su parte, el cazador tiene una escopeta hechiza de regadera y su vestido es de campesino con pantalón caqui, abarcas y sombrero de paja.

El grupo de gallinazos -llamados igualmente goleros o zopilotes-, tenían en esos tiempos de mitad del siglo XX unos disfraces muy originales, ya que consistían en caretas de malla metálica fina -como la de los mosquiteros- que simulaban los fuertes picos de los carroñeros, así como vestidos enterizos de manga larga, con alas entre los brazos y la piernas, el pantalón estilo bombacho y medias altas de color negro o blanco. El color de las caretas y los vestidos corresponde a los diferentes miembros del clan, que son: el 'rey de los gallinazos' con pico blanco, cresta roja y vestido negro; el 'alguacil' de color gris; las 'lauras' de color pardo y el resto de los 'gallinazos' de color negro. A veces se ponían otros detalles en los disfraces, como líneas blancas en las alas y picos.

En el desarrollo de la comedia, acompañada de música de viento y de percusión, cada uno de los personajes recita unos versos que se han mantenido desde sus comienzos en los principios del siglo XX. Son muy pegajosas las primeras palabras del 'rey gallinazo', quien tiene la prioridad al momento de comerse a la víctima: 'Soy rey de los reyes, pero a mucho honor, que nadie pica la presa sin que la pique yo...'

Algunas veces incorporaban un 'pichón' de gallinazo, que como se sabe es de plumón blanco antes de salirle las plumas negras, tal como lo dicen en uno de sus versos: 'Yo sé que blanco nací, hoy es negro mi color. Tengo las patas largas, también soy buen volador'.




EL CLUB LOS MARAÑONES

En la casa de Roberto Pérez se creó a mediados de los años 40 del siglo pasado un club para jugar ping pong. Algunos de los socios fueron Amín Díaz, Carlos Crismatt Aráujo, César Moreno, Fernando Castro, 'Fufo' Ballestas, Julio Blanch Calvo, 'Nacho' Espinosa, 'Poli' Ugarrriza y Rafael Mouthon Barrios. Los miembros aportaron para la compra de los elementos y todas las noches asistían para la celebrar los partidos.

El nombre escogido fue 'Club Los Marañones', ya que en el barrio de Torices había abundancia de este árbol, que produce un fruto carnoso de color rojo y que tiene en la base una nuez, de la que se extrae una sabrosa semilla al calentarse sobre el fuego.


Fruto del marañón, con su nuez en la base. Foto: Wikipedia

Como el gran músico Lucho Bermúdez era primo de Roberto Pérez -el dueño de la casa-, cada vez que venía a Cartagena se bajaba allí, por lo que muchas veces animó con su orquesta algunas veladas de los fines de semana. Pero lo más interesante, fue que Lucho Bermúdez se encariñó tanto con el club, que terminó componiéndole un porro que tituló 'Los Marañones de Torices', cuya letra es:

Es el ping pong muy retozón
Los marañones los reyes son
Es el ping pong muy retozón
Los marañones los reyes son

Qué sabrosito está el ping pong
Los marañones los reyes son
Qué sabrosito está el ping pong
Los marañones los reyes son

Ping ping ping pong
Ping ping ping pong

Jugando así goza mi son
Los marañones los reyes son
Jugando así goza mi son
Los marañones los reyes son

Qué calientico y qué sabrosón
Los marañones sabrosos son
Qué calientico y qué sabrosón
Los marañones sabrosos son

Ping ping ping pong
Ping ping ping pong




LA IGLESIA SAN JOSÉ DE TORICES

Para los toricences la Iglesia de San José hace parte de su historia, ya que desde que los Carmelitas se trasladaron al barrio, acompañaron a la comunidad en todas sus ceremonias religiosas, desde el bautizo y el matrimonio hasta la despedida final a sus feligreses.

Inicialmente los Carmelitas Descalzos se establecieron en Cartagena el 4 de noviembre de 1931, fecha en la que el arzobispo Pedro Adán Brioschi los nombró administradores de la actual iglesia del Cabrero.

Posteriormente, en 1938 se trasladaron a Torices y se alojaron en una pequeña casa en los terrenos que ocupó el colegio Eucarístico de Torices -en la esquina de las calles Bogotá y Julio Arboleda-. Luego se construyó a su lado la iglesia con el concurso de todos los habitantes del barrio. Se le dio el nombre de San José y anualmente cada 19 de marzo se celebraba una concurrida procesión.

Todo fue posible gracias a la labor del Padre Antonio, un santo sacerdote Carmelita que se ganó el corazón de los habitantes de Torices, y que siempre tuvo una sonrisa, un consejo y un alivio para todos los que llegaron en su búsqueda.

Desde ese año de 1938 hasta su muerte el 30 de mayo de 1968 -con un breve interregno de 1954 a 1960- fue el párroco más querido de Cartagena. En su labor evangélica y pastoral llevó consuelo a los enfermos y necesitados, orientó a los niños y jóvenes en su crecimiento al lado de Dios y trabajó en cimentar su parroquia para que viviera aún después de su muerte.

Al lado del Padre Antonio también cumplió su labor parroquial durante algunos años un cura español de nombre Cirilo, que se hizo famoso entre los jóvenes del barrio porque no aceptaba que se jugara en los terrenos que estaban al lado de la iglesia. Cada vez que los grupos llegaban a jugar béisbol con bola de trapo y el padre Cirilo se daba cuenta, salía amenazante con un palo de escoba. La ironía era que precisamente frente a ese campito quedaba la casa de Armando 'Niño Bueno' Crisón -gloria del béisbol cartagenero- y una cuadra más adelante la de Julio Blanch Calvo -connotado cronista beisbolero-.


Esta es apenas una breve mirada del barrio de Torices en la mitad del Siglo XX, a través del espejo de los recuerdos. Su contenido será dinámico y se aumentará, actualizará y corregirá en la medida en que surjan nuevas evocaciones.

Cartagena de Indias, octubre 10 de 2012


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